En medio de las montañas del Norte del Valle de Aburrá, donde la vegetación espesa suele ocultar dinámicas ilegales, las autoridades asestaron un nuevo golpe al narcotráfico. En la vereda Potrerito, zona rural de Barbosa, fue desmantelada una infraestructura clandestina dedicada al procesamiento de cocaína que, según las investigaciones, operaba con capacidad industrial.
El operativo, liderado por la Policía Nacional de Colombia en articulación con la Fiscalía General de la Nación, permitió la captura en flagrancia de cuatro hombres entre los 21 y 45 años, quienes se encontraban en el lugar al momento de la intervención judicial.
Lo que encontraron las autoridades revela la dimensión del montaje ilegal. En el sitio fueron incautados 102 kilogramos de clorhidrato de cocaína, 20 kilos de base de coca y 200 gramos de bazuco, además de 300 litros de acetona y equipos utilizados en la transformación de la sustancia: hornos microondas, una prensa artesanal y un sistema de secado improvisado.
Las primeras indagaciones apuntan a que el laboratorio estaría vinculado al grupo delincuencial Los Chatas, una estructura con injerencia en el área metropolitana de Medellín. Según las autoridades, este punto de producción no solo abastecía redes locales de distribución, sino que generaba rentas ilícitas cercanas a los 70 millones de pesos diarios, con una producción estimada de hasta 45 kilos de cocaína al día.
Más allá de la incautación, el caso deja ver un patrón que se repite: la instalación de centros de procesamiento en zonas rurales estratégicas, donde la geografía facilita el ocultamiento y la logística del narcotráfico. Los capturados, de acuerdo con la Policía, ya registraban antecedentes por delitos relacionados con estupefacientes.
Tras su detención, los cuatro hombres fueron puestos a disposición de la Fiscalía, que en las próximas horas los presentará ante un juez para definir su situación judicial.
Una señora asomada por una ventana contó que los chicos eran muy pretendidos por las mujeres. Realizaban rumbas de dos y tres días y les daban motos automáticas, ropa costosa y dinero a las chicas.
Este resultado se suma a la ofensiva que mantienen las autoridades contra las economías ilegales en Antioquia, en un intento por debilitar las estructuras que, pese a los golpes, continúan adaptándose y operando en la región.




