Trece uniformados de la Policía Nacional perdieron la vida en uno de los ataques más dolorosos y sangrientos de los últimos años. La tragedia ocurrió en zona rural de Amalfi, Antioquia, donde un helicóptero de la Policía Antinarcóticos fue derribado por un dron cargado con explosivos, acción atribuida a las disidencias del Frente 36 de las FARC.
La aeronave brindaba seguridad a un grupo de erradicadores civiles que había sido dejado en la zona. De repente, la misión se convirtió en pesadilla: el helicóptero no logró resistir la fuerza del impacto y cayó en medio de las montañas.
Los héroes que no volvieron a casa…
Los nombres de los uniformados caídos retumban hoy en todo el país. Cada uno con una historia, con una familia que ahora se sumerge en el dolor irreparable de la ausencia:
1. Sargento Nicolás Stivens Ovalle Contreras (comandante)
2. Patrullero José Daniel Valera Narváez
3. Patrullero Neyver Fernando Vásquez Zúñiga
4. Patrullero Yeison Alejandro Samboní Lazo
5. Patrullero Edwin Javier Zúñiga Galindez
6. Patrullero Jhonatan Rodrígo Jiménez Jiménez
7. Patrullero Rafael Enrique Anaya Almanza
8. Patrullero Richard Duván Lagos Calvache
9. Patrullero Juan José Guzmán Duarte
10. Subintendente José Mario Camacho Aldana
11. Mayor Carlos Mateus Ovalle (piloto)
12. Patrullero Michael Stiven Astaiza Ortiz
13. Capitán Francisco Javier Merchán Granados, quien sobrevivió herido al impacto, pero falleció horas después en un centro médico.
Todos murieron en cumplimiento de su deber. Todos dejaron familias, hijos, padres y hermanos que ahora enfrentan el vacío más duro: el de no poder volver a abrazarlos.
Un golpe que sacude al país…
El ataque ha sido calificado como uno de los más letales contra la fuerza pública en los últimos tiempos. La utilización de drones cargados con explosivos refleja cómo la violencia se adapta a nuevas tecnologías, dejando una estela de muerte que revive los recuerdos más oscuros del conflicto armado en Colombia.
La noticia ha causado conmoción en todo el territorio nacional. Imágenes del helicóptero destrozado y de los homenajes a los caídos circulan en redes sociales, mientras la pregunta se hace inevitable: ¿está Colombia regresando a los años más crueles de la guerra?
Entre lágrimas y promesas…
En las casas de los uniformados hoy solo reina el silencio interrumpido por el llanto. Madres que lloran a sus hijos, esposas que quedan viudas, niños que crecerán con el recuerdo de un padre que murió sirviendo a la patria.
El Gobierno Nacional ha prometido una ofensiva institucional contra los responsables, pero las familias piden más que justicia: claman porque ninguna otra madre tenga que recibir la noticia que ellas recibieron.
Colombia entera llora con ellas. El dolor es colectivo, y la herida, profunda. Porque cada vez que un uniformado muere en cumplimiento de su deber, es el país entero el que queda mutilado por la violencia que no da tregua.
Hoy, más que nunca, la nación recuerda a sus héroes caídos, mientras se pregunta hasta cuándo podrá resistir esta guerra que, con drones o fusiles, sigue robándose vidas y sueños.
