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Un ataque con explosivos se registró este Viernes Santo en el municipio de Briceño, donde una carga detonó en la zona urbana, dejando como saldo un miembro de la Policía Nacional herido.
De acuerdo con los reportes preliminares, el uniformado fue atendido de inmediato y se encuentra fuera de peligro.
Las autoridades atribuyen el hecho a la presencia de grupos armados ilegales en la región, entre ellos el Clan del Golfo y disidencias de las FARC, específicamente estructuras vinculadas al denominado frente 36.
Briceño había sido señalado en años anteriores como un territorio que logró avances en la erradicación de cultivos ilícitos y la reducción de minas antipersona. Sin embargo, recientes hechos de violencia evidencian el resurgimiento de actividades criminales en la zona.
El gobierno del presidente Gustavo Petro ha impulsado la política de “paz total”, la cual ha generado diversas reacciones frente a la persistencia de grupos armados en distintas regiones del país.
Las autoridades continúan con operativos para garantizar la seguridad en el municipio y esclarecer lo ocurrido.


Un trágico hallazgo se registró en las últimas horas en la vereda El Yolombo, ubicada en el corregimiento de San Cristóbal, al Occidente de Medellín, donde fue encontrado sin vida un hombre que se desempeñaba como taxista.
El cuerpo fue hallado a un costado de la vía, junto a su vehículo de servicio público, lo que alertó a habitantes del sector, quienes dieron aviso inmediato a las autoridades. La víctima vestía prendas informales y presentaba signos que son materia de análisis por parte de los investigadores.
Unidades de la Policía y del CTI realizaron la inspección técnica del lugar y adelantan las respectivas indagaciones para esclarecer las circunstancias del hecho. De manera preliminar, no se descarta que el caso esté relacionado con un posible hurto, aunque esta hipótesis aún no ha sido confirmada oficialmente.
Las autoridades trabajan en la recolección de pruebas y en la identificación de posibles responsables, mientras hacen un llamado a la comunidad para que aporte cualquier información que pueda contribuir al esclarecimiento de este suceso.
El caso genera preocupación entre los conductores de servicio público, quienes reiteran la necesidad de mayores medidas de seguridad en zonas rurales y de baja circulación.

El sonido de las sirenas volvió a romper la rutina de la tarde en Medellín este domingo 29 de marzo. En el barrio La Toscana, una densa columna de humo oscuro comenzó a elevarse sobre las viviendas, alertando a los vecinos que salieron a puertas y ventanas intentando descifrar la magnitud de la emergencia.
Minutos después, como ocurre en los momentos críticos, llegaron los bomberos.
Con trajes pesados, cascos firmes y la determinación que exige su labor, ingresaron al punto donde el fuego avanzaba sin control. La escena era intensa: altas temperaturas, el estruendo del agua a presión y órdenes que se cruzaban en medio de la urgencia. Todo transcurría a gran velocidad.
Pero esta vez, algo cambió el rumbo de la emergencia.
En medio de las labores, uno de los uniformados se desplomó. Se trataba de Iván Darío Posada Gómez, de 34 años, quien hacía parte del cuerpo de bomberos desde 2016. Sus compañeros reaccionaron de inmediato, en un intento desesperado por auxiliarlo, mientras la incertidumbre se abría paso entre la operación.
Horas después, el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres confirmó la noticia que ya pesaba en el ambiente: el bombero había fallecido.
Afuera, la escena era distinta pero igual de impactante. Vecinos en silencio, algunos llevándose las manos a la cabeza, otros observando sin palabras. El humo continuaba elevándose, pero ya no era lo único que cargaba el aire.
El alcalde Federico Gutiérrez se pronunció poco después con un mensaje breve que se extendió rápidamente: “Gracias por su valentía y entrega”.
Con el paso de las horas, el incendio fue controlado. Las máquinas comenzaron a retirarse y las calles intentaron recuperar su ritmo habitual. Sin embargo, la sensación era distinta.
Porque esta vez no fue solo una emergencia.
Fue una vida la que se quedó en medio del humo.
Y en La Toscana, como en toda Medellín, quedó ese silencio profundo que aparece cuando la tragedia deja de ser lejana y se vuelve propia.





En un golpe contundente contra el crimen organizado, las autoridades lograron la captura de uno de los hombres más peligrosos del norte de Antioquia. Se trata de Wilson Flórez Anaya, alias “Wilder”, señalado como el segundo cabecilla del Clan del Golfo en el Bajo Cauca.
El operativo, ejecutado en zona rural de Tarazá, fue el resultado de una acción coordinada entre la Policía Nacional, el Ejército y la Fiscalía. La captura, realizada el pasado 21 de marzo mediante orden judicial, representa un duro golpe a una de las estructuras criminales más violentas del país.
Durante el procedimiento no solo cayó “Wilder”. También fueron capturados en flagrancia dos presuntos integrantes de su organización, quienes portaban armamento de alto riesgo.
Entre los elementos incautados se encuentran una pistola calibre 9 milímetros, granada de fragmentación, equipos de comunicación y material de intendencia.
Todo esto, según las autoridades, era utilizado para sostener el control ilegal en la región.
Alias “Wilder” no era un actor menor. Las investigaciones revelan que llevaba más de 14 años dentro del mundo criminal, consolidándose como pieza clave en el engranaje del narcotráfico.
Se le atribuye la coordinación de rutas de droga hacia Centroamérica y Norteamérica, así como la promoción de enfrentamientos armados con otras estructuras ilegales, lo que generó una ola de violencia que obligó a más de 100 familias a abandonar sus hogares.
Pero su historial va más allá del narcotráfico. Según la Fiscalía, “Wilder” estaría implicado en Planeación de homicidios y feminicidios, Reclutamiento de menores de edad, Extorsión a comerciantes y ganaderos y Control de economías ilegales como la minería
Las rentas criminales que manejaba superarían los mil millones de pesos mensuales, evidenciando el enorme poder financiero de esta estructura.
Aunque la captura de alias “Wilder” representa un avance significativo en la lucha contra el Clan del Golfo, las autoridades advierten que la estructura sigue activa y que las operaciones continuarán.
La caída de este cabecilla deja al descubierto la magnitud del control criminal en el Bajo Cauca… y también el desafío que aún enfrenta el Estado para recuperar estos territorios.



Familiares y amigos buscan a Valerín Sofía Sierra Atehortúa, una adolescente de 14 años reportada como desaparecida desde el pasado 25 de marzo de 2026.
Según información de la Fiscalía General de la Nación, la menor, de nacionalidad colombiana, fue vista por última vez en la ciudad de Medellín. Desde entonces, no se tiene información sobre su paradero, lo que activó de inmediato los protocolos de búsqueda por parte del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) y demás organismos competentes.
De acuerdo con el reporte oficial, Valerín Sofía es de sexo femenino y, hasta el momento, no se han reportado señales particulares ni detalles específicos sobre la ropa que vestía al momento de su desaparición.
Las autoridades han habilitado múltiples canales para recibir información que permita dar con su ubicación. La ciudadanía puede comunicarse a la línea 122 de la Fiscalía General de la Nación (opción 5, opción 1) o al número celular 318 532 17 45.
Asimismo, en Medellín continúa activa la Ruta Urgente de Búsqueda, con el fin de agilizar las acciones de localización y garantizar una respuesta rápida ante este tipo de casos.
Familiares y autoridades reiteran el llamado a la comunidad para compartir cualquier información que pueda contribuir a encontrar a la menor, recordando que cada dato puede ser clave en su pronta ubicación.

Todo comenzó con una desaparición el 21 de marzo de 2026, donde un adolescente de 17 años no regresó a casa en el Centro de Medellín. Con el paso de las horas, la preocupación creció hasta confirmarse lo peor: había sido secuestrado.
Al principio fue incertidumbre. Luego, angustia. Las horas pasaban sin noticias, hasta que el teléfono sonó y confirmó lo peor: el joven estaba secuestrado. La exigencia fue directa, sin rodeos: 10 millones de pesos por su liberación.
Para su familia, el tiempo cambió de inmediato. Cada minuto se volvió más pesado, cada llamada más urgente. Mientras tanto, afuera, la ciudad seguía su curso normal, ajena a lo que ocurría en algún punto del centro, donde el menor permanecía retenido.
Tras la denuncia, la Policía Nacional de Colombia, en coordinación con la Alcaldía de Medellín, activó un operativo que avanzó en silencio. En una zona donde todo se mezcla lo cotidiano con lo ilegal, las pistas no son evidentes. Sin embargo, poco a poco comenzaron a aparecer señales: llamadas breves, movimientos repetidos, detalles que terminaron señalando un lugar específico.
El operativo se ejecutó sin margen de error. Los uniformados ingresaron al inmueble y, en cuestión de segundos, la historia dio un giro. El adolescente fue rescatado con vida. Tres personas fueron capturadas en flagrancia por secuestro extorsivo y, en el lugar, se incautaron cuatro teléfonos celulares que ahora hacen parte de la investigación.
Aunque el caso sigue en proceso, las autoridades manejan una hipótesis que va más allá del hecho puntual: el secuestro podría estar relacionado con redes de microtráfico que operan en el centro de Medellín, donde este tipo de delitos se entrelazan con economías ilegales.
Horas después, el menor regresó a casa. Sin cámaras, sin discursos, solo con el alivio de haber salido de una historia que, por momentos, parecía no tener final.
Los capturados quedaron a disposición de la Fiscalía General de la Nación, que avanzará en la judicialización y en el esclarecimiento de los hechos.


Un hombre, vestido con ropa costosa y a la moda, caminaba por una cuadra del suroccidente de Medellín. Su postura era firme, la espalda recta, el paso largo. Pero su mirada lo delataba: observaba hacia todos los lados, aceleraba el ritmo, como si esperara a alguien… o evitara ser visto.
Su comportamiento no pasó desapercibido. Desde el sistema de cámaras de la línea 123, operadores detectaron un movimiento sospechoso que parecía corresponder a un intercambio de sustancias ilícitas. La alerta fue inmediata. En cuestión de minutos, unidades de la Policía Nacional de Colombia llegaron al sector.
Al notar la presencia de los uniformados, el hombre reaccionó.Sin mediar palabra, emprendió la huida. Corrió por las calles del barrio, arrojó bolsas en su camino y, en un intento desesperado por evadir a las autoridades, ingresó a un inmueble abandonado. Desde allí escaló hasta el tejado, buscando esconder lo que llevaba consigo.
Pero no lo logró. Los policías lo interceptaron en lo alto de la vivienda, en el barrio Trinidad, comuna de Belén. Allí terminó la persecución.
En el lugar, los uniformados recuperaron tres bolsas plásticas que contenían 1.341 cigarrillos de marihuana, con un peso aproximado de 3.200 gramos. También fue incautado un teléfono celular. El valor del material decomisado asciende a cerca de cinco millones de pesos.
El capturado, un joven de 21 años, fue informado de sus derechos y puesto a disposición de la Fiscalía General de la Nación por el delito de tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.
Según el teniente coronel Jorge Puentes, comandante del Distrito de Policía No. 5, este resultado representa un golpe directo a las redes de microtráfico que operan en la zona.
Mientras tanto, las cámaras de seguridad que registraron cada movimiento dejaron en evidencia cómo una caminata aparentemente tranquila terminó en una persecución, y cómo la huida de un hombre elegante acabó, literalmente, sin salida en los tejados de Medellín.


Las autoridades capturaron a dos mujeres de 19 y 34 años, señaladas de participar en una modalidad delictiva consistente en drogar a turistas para luego despojarlos de sus pertenencias. Las detenciones se realizaron en los barrios Caicedo y Villa Hermosa, en el oriente de la ciudad.
El procedimiento se llevó a cabo mediante diligencias de registro y allanamiento, en el marco de una investigación adelantada por la Policía Nacional para contrarrestar delitos que afectan la seguridad, especialmente en zonas de alta afluencia de visitantes.
De acuerdo con las autoridades, las capturadas estarían vinculadas a varios casos en los que ciudadanos extranjeros eran abordados en sectores como el Parque Lleras, donde, tras generar confianza, presuntamente les suministraban sustancias para dejarlos en estado de indefensión y posteriormente cometer los hurtos.
Uno de los hechos más relevantes ocurrió el pasado 30 de enero, cuando un turista fue víctima de esta modalidad y despojado de pertenencias avaluadas en cerca de 30 millones de pesos.
Durante los operativos, las autoridades incautaron dos teléfonos celulares, documentos de identidad de otras mujeres, dinero en moneda extranjera y un arma de fuego tipo revólver calibre 38.
Las investigaciones incluyeron entrevistas, análisis de cámaras de seguridad y reconocimientos fotográficos, lo que permitió la identificación y judicialización de las sospechosas. Según la Policía, las mujeres registran antecedentes por hechos similares.
Las capturadas deberán responder por el delito de hurto calificado y agravado. Entre tanto, las autoridades reiteraron el llamado a la ciudadanía y a los visitantes a extremar medidas de precaución y denunciar cualquier situación sospechosa.

La Policía Nacional capturó a dos hermanos extranjeros de 18 años que se movilizaban en motocicleta en el sector del Parque Lleras, en Medellín. Las autoridades señalaron que los jóvenes, de nacionalidad extranjera, estarían vinculados a posibles intentos de hurto en esta zona del suroriente de la ciudad.
Según el reporte oficial, los hechos ocurrieron durante labores de patrullaje preventivo, cuando uniformados identificaron a los dos hombres en actitud sospechosa. Al ordenarles detenerse para una verificación de rutina, los individuos omitieron la señal y emprendieron la huida, lo que dio lugar a una persecución controlada en vías cercanas.
Ante la evasión, la Policía activó un “plan candado”, estrategia que permitió cerrar el cerco en el sector y lograr la interceptación de los sospechosos pocos metros más adelante. La rápida reacción de las unidades evitó que se materializara cualquier conducta delictiva contra ciudadanos o visitantes del sector.
Durante el procedimiento de registro, las autoridades encontraron en poder de uno de los capturados un arma reportada como de menor letalidad y dos teléfonos celulares. Asimismo, al verificar la motocicleta en la que se movilizaban, evidenciaron que la placa había sido alterada mediante la instalación de cinta adhesiva para modificar uno de sus caracteres, lo que constituye una conducta asociada a la evasión de controles y a la posible comisión de delitos.
Las autoridades destacaron que uno de los elementos que llama la atención del caso es que los detenidos son hermanos gemelos, una condición que podría haber sido utilizada para dificultar su identificación en eventuales hechos delictivos. Este aspecto es materia de análisis dentro de la investigación en curso.
Los capturados fueron dejados a disposición de la Fiscalía General de la Nación por los delitos de fabricación, tráfico o porte de armas de fuego y falsedad marcaria. De manera paralela, avanzan las indagaciones para establecer si estarían relacionados con otros casos de hurto a personas registrados recientemente en la comuna 14.
Este resultado hace parte de las acciones focalizadas que vienen desarrollando las autoridades en el Parque Lleras, considerado un punto estratégico por la alta presencia de turistas, residentes y actividad comercial. Según la Policía, estos operativos buscan fortalecer la prevención del delito y mejorar las condiciones de seguridad en uno de los sectores más visitados de la capital antioqueña.
Voceros oficiales reiteraron que se mantendrán los controles en la zona y que continuarán las intervenciones articuladas con la administración distrital, con el propósito de anticipar riesgos y garantizar la tranquilidad de la ciudadanía.


Un habitante de calle fue encontrado sin vida en las últimas horas en inmediaciones del centro comercial Los Molinos, en el Occidente de Medellín, en un hecho que genera preocupación entre residentes y transeúntes del sector.
El hallazgo se produjo debajo de un puente, un espacio frecuentado por personas en condición de calle y donde, según testigos, la víctima solía permanecer. Fueron ciudadanos quienes, al notar que el hombre no reaccionaba, dieron aviso inmediato a las autoridades.
Al lugar llegaron unidades de la Policía Metropolitana, que acordonaron la zona para permitir la inspección técnica del cuerpo y la recolección de evidencias. A pocos metros, algunas de sus pertenencias permanecían dispersas, reflejando las precarias condiciones en las que vivía.
Hasta el momento, las causas de la muerte no han sido establecidas. El caso fue asumido por Medicina Legal, entidad encargada de determinar si se trató de una muerte natural o si hubo factores externos involucrados.
Las autoridades iniciaron las investigaciones correspondientes, mientras que este hecho vuelve a encender las alertas sobre la situación de vulnerabilidad que enfrentan las personas en condición de calle en la ciudad, así como la urgencia de fortalecer las estrategias de atención integral para esta población.


Habitantes del occidente de Medellín alertaron a las autoridades sobre el hallazgo de una persona sin vida en las últimas horas. El hecho se registró en la Calle 45, a la altura del sector cercano a Makro de San Juan.
Según información preliminar, ciudadanos que transitaban por el lugar fueron quienes dieron aviso a las autoridades tras notar la presencia del cuerpo. Hasta el momento, no se han confirmado las causas de la muerte ni la identidad de la víctima.
Las autoridades hicieron presencia en el sitio para realizar la inspección técnica y adelantar las investigaciones correspondientes que permitan esclarecer lo ocurrido.
Se espera que en las próximas horas se entregue un reporte oficial con mayores detalles del caso.

Un bombero falleció en la tarde de este domingo 29 de marzo mientras atendía un incendio estructural en el barrio La Toscana, en Medellín, según confirmaron las autoridades.
La víctima fue identificada como Iván Darío Posada Gómez, de 34 años, quien hacía parte del cuerpo oficial de bomberos desde el año 2016.
De acuerdo con el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres, el uniformado se encontraba atendiendo la emergencia cuando ocurrió el incidente que le causó la muerte. Por ahora, las circunstancias exactas de lo sucedido están siendo evaluadas.
Al lugar acudieron varias unidades de emergencia para controlar las llamas y evitar que el fuego se propagara a otras viviendas del sector. El incendio fue finalmente contenido, aunque dejó este trágico saldo.
El alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, confirmó la identidad del bombero y lamentó lo ocurrido a través de un mensaje en el que destacó su labor y compromiso con la ciudad.
Las autoridades adelantan las investigaciones correspondientes para esclarecer los hechos, mientras el cuerpo de bomberos y la administración distrital expresaron sus condolencias a los familiares, amigos y compañeros del uniformado.
La muerte de Posada Gómez enluta a la institución y vuelve a poner sobre la mesa los riesgos que enfrentan diariamente los organismos de socorro en medio de emergencias.



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El sonido de las sirenas volvió a romper la rutina de la tarde en Medellín este domingo 29 de marzo. En el barrio La Toscana, una densa columna de humo oscuro comenzó a elevarse sobre las viviendas, alertando a los vecinos que salieron a puertas y ventanas intentando descifrar la magnitud de la emergencia.
Minutos después, como ocurre en los momentos críticos, llegaron los bomberos.
Con trajes pesados, cascos firmes y la determinación que exige su labor, ingresaron al punto donde el fuego avanzaba sin control. La escena era intensa: altas temperaturas, el estruendo del agua a presión y órdenes que se cruzaban en medio de la urgencia. Todo transcurría a gran velocidad.
Pero esta vez, algo cambió el rumbo de la emergencia.
En medio de las labores, uno de los uniformados se desplomó. Se trataba de Iván Darío Posada Gómez, de 34 años, quien hacía parte del cuerpo de bomberos desde 2016. Sus compañeros reaccionaron de inmediato, en un intento desesperado por auxiliarlo, mientras la incertidumbre se abría paso entre la operación.
Horas después, el Departamento Administrativo de Gestión del Riesgo de Desastres confirmó la noticia que ya pesaba en el ambiente: el bombero había fallecido.
Afuera, la escena era distinta pero igual de impactante. Vecinos en silencio, algunos llevándose las manos a la cabeza, otros observando sin palabras. El humo continuaba elevándose, pero ya no era lo único que cargaba el aire.
El alcalde Federico Gutiérrez se pronunció poco después con un mensaje breve que se extendió rápidamente: “Gracias por su valentía y entrega”.
Con el paso de las horas, el incendio fue controlado. Las máquinas comenzaron a retirarse y las calles intentaron recuperar su ritmo habitual. Sin embargo, la sensación era distinta.
Porque esta vez no fue solo una emergencia.
Fue una vida la que se quedó en medio del humo.
Y en La Toscana, como en toda Medellín, quedó ese silencio profundo que aparece cuando la tragedia deja de ser lejana y se vuelve propia.





Una vivienda en el barrio Manrique Santa Cecilia, en el nororiente de Medellín, ardía en llamas mientras la mañana apenas comenzaba. Algunos salieron con baldes de agua, otros llamaron a emergencias. Nadie imaginaba que, tras el incendio, se descubriría una escena que hoy tiene en vilo a toda una comunidad.
Cuando el Cuerpo de Bomberos logró controlar el fuego en la casa ubicada en la carrera 38, el hallazgo cambió el rumbo de la emergencia. En el segundo piso, entre los rastros de humo y destrucción, fue encontrado el cuerpo sin vida de una mujer.
Horas después, las autoridades confirmaron su identidad: Selene Roldán Blandón, de 25 años.
Lo que en un inicio parecía un hecho accidental pronto tomó otro rumbo. Agentes del CTI de la Fiscalía realizaron la inspección judicial y determinaron que se trataba de un homicidio por establecer. Sin embargo, las condiciones en las que fue hallado el cuerpo dificultan esclarecer qué ocurrió en los momentos previos al incendio. Las quemaduras eran tan severas que impiden, por ahora, determinar si la joven fue atacada antes de que se propagaran las llamas.
Selene trabajaba en una empresa de salud y seguridad en el trabajo. Su muerte no solo deja un vacío en su entorno cercano, sino que también ha generado indignación en una comunidad que hoy busca respuestas.
En medio de la investigación, un nombre comenzó a cobrar relevancia: Mateo Trujillo, esposo de la víctima, quien actualmente se encuentra desaparecido y es buscado por las autoridades como principal sospechoso del crimen.
Versiones entregadas por vecinos señalan que la relación estaría marcada por comportamientos de control. Según testimonios de residentes del sector, el hombre le habría prohibido a Selene mantener contacto con sus amistades, incluso a través de redes sociales, lo que ha encendido las alertas sobre un posible contexto de violencia previa.
Aunque estas versiones aún están siendo verificadas oficialmente, forman parte de las líneas de investigación que manejan las autoridades.
Mientras tanto, la vivienda permanece acordonada, convertida en una escena clave dentro del proceso judicial. Para los habitantes del sector, ya no es solo una casa: es el lugar donde una vida se apagó en circunstancias que aún no encuentran explicación.
Este caso vuelve a poner sobre la mesa preguntas urgentes sobre la violencia contra las mujeres y la importancia de identificar señales de alerta a tiempo.
¿Qué ocurrió realmente dentro de esa vivienda?
¿Fue el incendio un intento por ocultar un crimen?
¿Dónde está Mateo Trujillo?
Por ahora, las respuestas siguen en construcción. Pero en Manrique, entre el olor a humo que aún persiste, hay una certeza: la historia de Selene no puede quedar en el olvido.





