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En Medellín las patrullas siguen dando la vuelta para ponerle freno al microtráfico

by noticias@prensapaisa.com

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En las comunas de Medellín la vida empieza temprano. El tinto de prepara antes que el sol salga, las tiendas levantan sus rejas, las motos arrancan a toda velocidad y el bus comienza su recorrido lentamente. Pero el día a día hay otras vueltas que también arrancan temprano: las de las patrullas que recorren diferentes barrios para mantenerle el ojo puesto al microtráfico.

La Fuerza Pública y las entidades del Distrito mantienen presencia en sectores priorizados de la ciudad, especialmente en los puntos donde se han identificado mayores problemas relacionados con el tráfico local de drogas. La idea es sencilla: estar ahí, hacer presencia y evitar que quienes se dedican a este negocio ilegal terminen creyéndose los dueños de la esquina.

Por las calles se ven los recorridos, los controles y la vigilancia. Una patrulla pasa por un parque, luego dobla por una cuadra y continúa hacia otro punto. Parece una vuelta cualquiera, pero detrás hay una estrategia para mantener bajo control los lugares donde las autoridades han detectado mayor incidencia.

Y es que el microtráfico no trae solamente la venta de drogas. Cuando estas actividades se meten en un barrio, también pueden aparecer problemas por el control de las zonas, amenazas, peleas y hechos de violencia. Por eso la apuesta es no esperar a que el problema crezca para actuar.

En esta tarea también tienen su parte los vecinos. En los barrios siempre hay alguien que conoce la cuadra como la palma de la mano: el tendero que madruga, la señora que lleva años viviendo allí o el conductor que pasa todos los días por el mismo lugar. Si algo extraño ocurre, la comunidad puede reportarlo por los canales oficiales, entre ellos la línea 123.

Una llamada al 123 puede ser suficiente para que una patrulla cambie de rumbo y llegue a revisar qué está pasando.

Mientras tanto, Medellín sigue en lo suyo. El trabajador corre para no llegar tarde, el domiciliario busca una dirección que parece no existir y alguien, como todos los días, suelta el tradicional: “¡Ave María pues, qué tráfico tan berraco!”.

Y entre ese corre-corre, las patrullas siguen haciendo su recorrido por las comunas. No es un operativo de un día ni una visita de esas que se hacen y luego nadie vuelve a ver. La intención es mantener una presencia constante en los puntos priorizados.

El objetivo es que los parques, las calles y las esquinas sigan siendo espacios para la comunidad y no lugares donde las estructuras dedicadas al tráfico local de drogas impongan sus propias reglas.

La pelea contra el microtráfico, dicen las autoridades, no se gana de la noche a la mañana. Se necesita presencia, controles, trabajo institucional y también colaboración de los ciudadanos.

Así que mientras Medellín sigue caminando a toda velocidad, las patrullas continúan dando la vuelta para acabar con las esquinas donde se mantienen los jíbaros.

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