La historia casi siempre empezaba igual. Un “match” en una aplicación de citas, una conversación amable, promesas de una noche tranquila en la ciudad de la eterna primavera. Pero para varias víctimas, ese encuentro terminó en una pesadilla silenciosa: despertar sin recuerdos, sin dinero y sin respuestas.
Durante meses, Medellín fue escenario de una modalidad de hurto tan sigilosa como peligrosa. Turistas extranjeros, confiados en el encanto de la ciudad y en la aparente cercanía de quien tenían al frente, eran seleccionados con precisión quirúrgica. Hoy, tras una operación de la Policía Nacional, cuatro personas señaladas de integrar esta estructura delincuencial fueron capturadas, marcando un antes y un después en la lucha contra este tipo de delitos.
Las investigaciones revelaron que la banda tenía claro su objetivo: turistas nacionales y extranjeros, especialmente aquellos que se hospedaban en hoteles y apartamentos de renta corta. El contacto inicial se hacía por aplicaciones digitales, donde los perfiles cuidadosamente construidos servían de anzuelo.
Una vez ganada la confianza, el encuentro se concretaba en espacios privados. Allí, entre música, conversación y bebidas, entraba en juego el verdadero plan: el suministro de sustancias psicotrópicas que dejaban a las víctimas en estado de indefensión total.
El 8 de enero de 2025, un ciudadano australiano vivió uno de los casos más impactantes. Tras compartir una cita con una mujer que conoció por una app, perdió el conocimiento. Cuando reaccionó, ya nada era igual: transacciones fraudulentas por cerca de 180 millones de pesos, además del hurto de objetos personales valorados en otros 20 millones.
Meses después, el 19 de abril, dos ciudadanos estadounidenses cayeron en la misma trampa. El escenario fue un apartamento de renta corta en El Poblado. Tres mujeres, bebidas compartidas y un ambiente de aparente confianza bastaron para que ambos quedaran inconscientes. El resultado: 80 millones de pesos en pérdidas entre dinero y pertenencias.
Una estructura con roles definidos
Lejos de ser hechos aislados, los investigadores descubrieron una estructura organizada, donde cada integrante cumplía una función específica.
Una de las capturadas sería la encargada de suministrar la sustancia; otras se ocupaban de contactar, seducir y coordinar los encuentros. Todo estaba calculado para acceder a los alojamientos y ejecutar el robo sin levantar sospechas inmediatas.
El trabajo de la Policía Judicial, apoyado en análisis de evidencia, movimientos financieros y denuncias de las víctimas, permitió unir las piezas del rompecabezas y dar con los responsables.
Los cuatro capturados fueron puestos a disposición de la Fiscalía General de la Nación. Tras las audiencias de control de garantías, un juez ordenó medida de aseguramiento en establecimiento carcelario, cerrando el cerco sobre una de las bandas que más afectó la imagen y la seguridad del turismo en la ciudad.
Las autoridades insisten en que la prevención es clave. Evitar encuentros en lugares privados con desconocidos, no aceptar bebidas sin supervisión y desconfiar de citas apresuradas son medidas que pueden marcar la diferencia.
Medellín sigue siendo una ciudad abierta, vibrante y hospitalaria. Pero esta historia deja una lección clara: la confianza, cuando se entrega a ciegas, puede salir muy cara.


